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Tuesday, May 20, 2008

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De los muchos libros de versos que mi resignación, mi descuido y a veces mi pasión jueron borroneando,
El otro, el mismo es el que prefiero. Ahí están el Otro poema de los dones, el Poema conjetural, Una Rosa y Milton, y Junín, que si la parcialidad no me engaña, no me deshonran. Ahí están asímísmo mis hábitos: Buenos Aires, el culto de los mayores, la germanística, la contradicción del tiempo que pasa y de la identídad que perdura, mi estupor de que el tiempo, nuestra substancia, pueda ser compartído.












Otro poema de los dones

Gracias quiero dar al divino
Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas
Que forman este singular universo,
Por la razón, que no cesará de soñar
Con un plano del laberinto,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor, que nos deja ver a los otros
Como los ve la divinidad,
Por el firme diamante y el agua suelta,
Por el álgebra, palacio de precisos cristales,
Por las místicas monedas de Angel Silesio,
Por Schopenhauer,
Que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y la sal,
Por el misterio de la rosa
Que prodiga color y que no lo ve,
Por ciertas vísperas y días de 1955,
Por los duros troperos que en la llanura
Arrean los animales y el alba,
Por la mañana en Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron
De una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del Islam que abarco
Mil noches y una noche,
Por aquel otro sueño del infierno,
De la torre del fuego que purifica
Y de las esferas gloriosas,
Por Swedenborg,
Que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
Por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí,
Por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbria,
Por la espada y el arpa de los sajones,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
Y una cifra de cosas que no sabemos
Y un epitafio de los vikings,
Por la música verbal de Inglaterra,
Por la música verbal de Alemania,
Por el oro, que relumbra en los versos,
Por el épico invierno,
Por el nombre de un libro que no he leído:
Gesta Dei per Francos,
Por Verlaine, inocente como los pájaros,
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
Por las rayas del tigre,
Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
Por la mañana en Texas,
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
Y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Por Séneca y Lucano, de Córdoba,
Que antes del español escribieron
Toda la literatura española,
Por el geométrico y bizarro ajedrez,
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
Por el olor medicinal de los eucaliptos,
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre,
Que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su astronomía.
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria, sentida en los jazmines
O en una vieja espada,
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
Por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y la muerte,
Esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.




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Tuesday, December 4, 2007

II. Cegueira: "Pronto sabré quién soy..."

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Elogio de la sombra



La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y tranformando.
Del sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.

Pronto sabré quién soy.





In Praise of Darkness

Old age (the name that others give it)
can be the time of our greatest bliss.
The animal has died or almost died.
The man and his spirit remain.
I live among vague, luminous shapes
that are not darkness yet.
Buenos Aires,
whose edges disintegrated
into the endless plain,
has gone back to being the Recoleta, the Retiro,
the nondescript streets of the Once,
and the rickety old houses we still call the South.
In my life there were always too many things.
Democritus of Abdera plucked out his eyes in order to think:
Time has been my Democritus.
This penumbra is slow and does not pain me;
it flows down a gentle slope,
resembling eternity.
My friends have no faces,
women are what they were so many years ago,
these corners could be other corners,
there are no letters on the pages of books.
All this should frighten me,
but it is a sweetness, a return.
Of the generations of texts on earth
I will have read only a few-
the ones that I keep reading in my memory,
reading and transforming.
From South, East, West, and North
the paths converge that have led me
to my secret center.
Those paths were echoes and footsteps,
women, men, death-throes, resurrections, days and nights,
dreams and half-wakeful dreams,
every inmost moment of yesterday
and all the yesterdays of the world,
the Dane's staunch sword and the Persan’s moon,
the acts of the dead,
shared love, and words,
Emerson and snow, so many things.
Now I can forget them. I reach my center,
my algebra and my key,
my mirror.
Soon I will know who I am.

Translated by Hoyt Rogers











Thursday, November 8, 2007

Al idioma alemán

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Mi destino es la lengua castellana,
El bronce de Francisco de Quevedo,
Pero en la lenta noche caminada
Me exaltan otras músicas más íntimas.
Alguna me fue dada por la sangre-
Oh voz de Shakespeare y de la Escritura-,
Otras por el azar, que es davidoso,
Pero a ti, dulce lengua de Alemania,
Te he elegido y buscado, solitario.
A través de vigilias y gramáticas,
De la jungla de las declinaciones,
Del dicccionario, que no acierta nunca
Con el matiz preciso, fui acercándome.
Mis noches estan llenas de Virgilio,
Dije una vez; también pude haber dicho
De Hölderlin y de Angelus Silesius.
Heine me dio sus altos ruiseñores;
Goethe, la suerte de un amor tardío,
A la vez indulgente y mercenario;
Keller, la rosa que una mano deja
En la mano de un muerto que la amaba
Y que nunca sabrá si es blanca o roja.
Tú, lengua de Alemania, eres tu obra
Capital: el amor entrelazado
De las voces compuestas, las vocales
Abiertas, los sonidos que permiten
El estudioso hexámetro del griego
Y tu rumor de selvas y de noches.
Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde
De los años cansados, te diviso
Lejana como el álgebra y la luna.


Jorge Luis Borges,


El oro de los tigres.





TO THE GERMAN LANGUAGE

My destiny is in the Spanish language,
the bronze words of Francisco de Quevedo,
but in the long, slow progress of the night,
different, more intimate musics move me.
Some have been handed down to me by blood--
voices of Shakespeare, language of the Scriptures--
others by chance, which has been generous;
but you, gentle language of Germany,
I chose you, and I sought you out alone.
By way of grammar books and patient study,
through the thick undergrowth of the declensions,
the dictionary, which never puts its thumb on
the precise nuance, I kept moving closer.
My nights were full of overtones of Virgil,
I once said; but I could as well have named
Hölderlin, Angelus Silesius.
Heine lent me his lofty nightingales;
Goethe, the good fortune of late love,
at the same time both greedy and indulgent;
Keller, the rose which one hand leaves behind
in the closed fist of a dead man who adored it,
who will never know if it is white or red.
German language, you are your masterpiece:
love interwound in all your compound voices
and open vowels, sounds which accommodate
the studious hexameters of Greek
and undercurrents of jungles and nights.
Once, I had you. Now, at the far extreme
of weary years, I feel you have become
as out of reach as algebra and the moon.

(tr. Alastair Reid)




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